Luna El misterio de Calenda

Macarena García: “Soy más mujer de lo que parezco”


El suplemento del periódico El Mundo publica esta semana una entrevista con la actriz de “Luna, el misterio de Calena”, Macarena García, donde la madrileña habla sobre la experiencia de trabajar con el director Pablo Berger en “Blancanieves” y todos los reconocimientos que esto le ha proporcionado además de abrir su corazón y hablar de sus aspiraciones y temores tanto profesionales como personales.

En el lugar en el que me cita Macarena García no es la cafetería del Ritz, por poner un ejemplo, ni los madrileños Café Gijón o el Comercial, sino una casa de comidas de su barrio, con su zócalo de troncos de madera y una pizarra en la puerta donde los trazos de tiza anuncian rotundos que el plato del día es bacalao portugués con tomate. Pienso que Blancanieves nunca habría entrado ahí, pero Macarena García, lejos de su personaje, atraviesa la puerta, reparte sonrisas y demuestra que conoce a todos los camareros y parroquianos de la tasca desde niña. Desde hace poco tiempo, vamos. “Aquí se come muy bien y yo no he desayunado. Me voy a pedir una coca y un montado de lomo”. Y es que aunque ya ha pasado la una de la tarde, esta actriz de 24 años confiesa haber puesto el despertador a las 12.30h, porque no soporta madrugar y eso convierte el asunto de los desayunos en un desorden que no le preocupa lo más mínimo.

El orden lo ejecuta su madre y ella se deja llevar. Por eso, hace unos meses, después de la fiesta de los Goya, Macarena no tuvo que hacerse la típica pregunta de dónde poner la pesada estatuilla. Al despertarse por la tarde, su madre ya la había colocado en el salón, en una estantería sobre el televisor. “Muy bien iluminada y junto a una foto preciosa con ella y mi hermano [el actor Javier Ambrossi], porque la verdad es que tengo una habitación muy pequeña”. Y, entonces, a uno le surge la pregunta indiscreta. ¿Por qué su hermano se apellida Ambrossi y ella García? “Pues porque en realidad me llamo Macarena García de la Camacha Gutiérrez-Ambrossi y, cuando me pidieron un nombre artístico, pensé en usar, como mi hermano, el apellido italiano, pero en clase siempre me conocieron por García y como ya tengo un nombre suficiente sonoro, pues lo dejé así”.

No es fácil saber por qué a un trabajador de una empresa municipal de aguas, en trance de privatización, y a la directora de una oficina de La Caixa les nacen dos hijos actores. “Yo tampoco lo sé. Tal vez porque cuando era pequeña mi madre y yo estábamos todo el día juntas canturreando en casa, frente al espejo, en la calle… También, como me gustan mucho los niños, me metí a hacer de payasa en fiestas infantiles, con blusa de lunares, pero sin nariz roja, hasta que un día mi hermano me animó a presentarme al casting de la obra High School Musical. Me lo preparé, me cogieron y hasta hoy”.

Da la sensación de que Macarena es de esas personas tímidas que no paran de hablar para espantar su timidez. Por mucho que uno insista en que peque un mordisco a su desayuno de lomo, siempre tiene algo más que contar. “La sesión de fotos para la revista se hizo con un gato que no paraba de arañarme. Me dejó marcas hasta en el escote, pero como esa noche no tenía que estar en ninguna fiesta, tampoco me importó mucho”. Y es que desde que fue elegida por el director Pablo Berger para hacer el papel protagonista de la película muda ‘Blancanieves’, con la música como hilo conductor y en blanco y negro, Macarena se ha visto envuelta en un tsunami de reconocimientos a su primer trabajo cinematográfico, que se inició al recibir la Concha de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de San Sebastián y continuó con el premio de la Academia del Cine. Y, aunque ya tenía experiencia con las cámaras, con popularidad y los periodistas por sus trabajos en las series ‘Amar en tiempos revueltos’ o en ‘Luna, el misterio de Calena’, ahora el cine ha dado un tremendo revolcón a su agenda.

Me hace ilusión cuando me llaman para aparecer, por ejemplo, en la portada de una revista como esta, porque he visto a muchas actrices que admiro en ellas. Sin embargo, a la vez, tengo un sentimiento raro, porque comprendo que tienes que promocionar una película para que la gente vaya a verla… pero aparecer en las revistas de puede convertir en medio modelo. Y yo soy lo que soy, actriz. Y lo que quiero es que se fijen en mi trabajo, no en mi forma de posar. Es algo que tengo que ir entendiendo”.

Aunque ha pasado ya una hora desde que salió de la ducha, Macarena tiene el mismo pelo negro liso y empapado que enmarca unos ojos y una boca que compiten en expresividad. “Para hacer el papel de Blancanieves, creo que Pablo Berger se fijó sobretodo en mis ojos. Yo no había visto ninguna película muda. Ni siquiera The Artist se había estrenado aún, y él me insistió en que viera La pasión de Juana de Arco, de [Carl Theodor] Dreyer, donde la actriz actúa solo con la mirada, para no caer en las exageraciones de las clásicas de la época. Gracias a cosas como esas sabía que me estaba metiendo en un proyecto precioso”. Se le iluminan los ojos cuando recuerda los preparativos de la película y se ríe al pensar en las horas que pasaba en casa haciendo toreo de salón con una toalla para ensayar lo que los apoderados y los toreros de verdad le habían enseñado ese día. Y es que prepara a conciencia sus trabajos y reconoce que, cuando termina un papel, en cine o en cualquier serie, siempre se queda tranquila, porque al actuar da todo lo que puede de sí misma.

Durante la promoción de ‘Blancanieves’, la madrastra, Maribel Verdú, y Pablo, el directo, me decían: ‘No te creas que esto es así siempre, has tenido la suerte de caer en una película fantástica, pero a lo mejor trabajas en una que ni se estrena. Este oficio es así de duro”. Y eso es algo que a Macarena le produce cierto temor, pero prefiere no pensar en ello y encomendar su suerte a una especie de inercia del destino tras las buenas experiencias que ha tenido hasta ahora. Incluso recuerda la extraña maldición de que en algunas ocasiones el premio Goya revelación, inexplicablemente, hace que sus premiados no vuelvan a trabajar en largas temporadas. “Sí que tengo miedos. He grabado un papel en ‘Todos están muertos’, de Beatriz Sanchís, y después de eso no tengo ningún proyecto más porque, aunque esté en antena la serie ‘Luna’, yo ya la grabé en su momento. No sé a lo mejor nunca más…”. Aquí se detiene, toma un sorbo de su bebida y la mirada se le pierde. “No sé. Ha habido actrices que han recibido el Goya revelación y luego no han tenido trabajo…”. Y sus ojos repasan detenidamente el borde de la mesa hasta que enseguida levanta la cabeza, mira de frente y arranca de nuevo. “Pero aunque me venga ese miedo, soy muy tranquila. Si no me han cogido para algo, siempre he pensado que ese trabajo no era para mí y la vida me lo ha ido demostrando. Además, me he dado cuenta de que cuando te entregan un premio, matan parte de tus inseguridades, porque recibirlo es como decirte: ‘¡Sí que vales para esto, vas por buen camino!. Me siento superfeliz y afortunada porque los académicos pensasen que yo merecía ese premiazo, y eso me da mucha fuerza para continuar”.

Tal vez con todo este curso acelerado de popularidad, Macarena está madurando a marchas forzadas, aunque ella cree que no es así. “Soy más mujer de lo que la gente piensa. En las entrevistas se me ve un tanto insegura y por eso parezco más niña de lo que soy”. Y lo cierto es que en su aspecto exterior, aunque no se maquilla apenas, sí que se ha iniciado en algunos hábitos adultos que antes no practicaba, como el de llevar zapatos de tacón; hasta este año jamás había comprado unos, porque ella siempre ha compartido la ropa con su madre. E incluso asegura, entre risas, que le está “cogiendo el gustillo a eso de comprarlos”. Pero poniendo los pies de nuevo a ras de suelo, su principal referente artístico, además de María Falconetti, la protagonista de la Juana de Arco de 1928, es Penélope Cruz, con la que, por cierto, hasta tiene cierto aire. Macarena asegura que le gusta como actriz desde siempre y también que le parece muy interesante las cosas que cuenta en las entrevistas. Aunque en los últimos meses reconoce haberse convertido en fan de otras muchas españolas como Verónica Echegui, Adriana Ugarte o Elena Anaya, la protagonista de ‘Todos están muertos’, con la que acaba de trabajar y en la que Macarena hace un papel de macarra, de bakala.

Pero esas actrices y las decenas de personas nuevas que ha conocido en los últimos meses no han servido para marginar a sus verdaderas amigas, las de su pandilla del colegio, por las que siente pasión. “Ella son las que te van viendo crecer poquito a poquito y las que siempre están ahí. Se alegran contigo y comparten tus premios, igual que tú disfrutas con sus triunfos personales”. De esa etapa del colegio, de donde partió a hacer Psicología – aunque no la continuó-, guarda una sensación agridulce que le hace, de pronto, ponerse seria y reflexionar en voz alta como si una nube negra le estuviera dando vueltas en la cabeza desde hace un tiempo. “Es un doble sentimiento, porque adoro haber ido a mi colegio, pero reconozco que era difícil. Tenía muchas cosas que no me gustaban nada. Como era una escuela que pertenecía al Opus te daban, por ejemplo, folletos para explicarte cómo se cura la homosexualidad, y eso me sacaba de quicio y me hacía salir de clase llorando, porque conozco a mucha gente que son gays, amigos, familia, y aquello me parecía una barbaridad. Pero siempre se guardan los recuerdos bonitos y no me arrepiento de haber estudiado allí”.

Por reflexiones como esta, da la sensación de que Macarena busca siempre las cosas que le sirven para crecer y esquiva todo aquello que le impida seguir su camino. Es de esas personas que ven la botella no solo medio llena, sino atiborrada hasta arriba de champán a punto de reventar. “A la vida solo le pido que pasen pronto esas épocas sin trabajo de actriz y, sobre todo, ser feliz con la gente que quiero, vivir con mi familia, tener mis hijitos… Siempre pongo por delante esas cosas y el amor, aunque suene cursi. Haber tenido a tanta gente todo este tiempo a mi lado y compartir la alegría y los miedos con ellos es lo que me da fuerza. Me apetece actuar, pero me importa mucho mantener lo que tengo. Nunca se sabe, de repente puedo pensar que me gustaría ser psicóloga y cambio de oficio. No sé que va a pasar con mi vida, pero será con mi gente”. A eso de las dos de la tarde doy por terminada la conversación que se ha visto interrumpida por varios parroquianos que se han acercado a saludarla en la alegre tasca. Ella no para de sonreír. “Qué rápido se me ha pasado. Ahora empezaba a despertarme… Porque ya te digo que, si no llega a ser porque tenía esta entrevista, aún estaría en la cama dormida”. Tan dormida como Blancanieves.

  

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