Luna El misterio de Calenda

Crónica del capítulo 1×06 de ‘Luna: El misterio de Calenda’: “Desaparecida”


Andrea (del blog Epic Us) nos ofrece como cada semana su particular visión de los capítulos de “Luna: El misterio de Calenda“, con un tono de humor que te enganchará crónica tras crónica. No puedes dejar de leerla, haznos caso y no te arrepentirás.

Una semana más hemos disfrutado de un capitulazo de Luna, el misterio de Calenda, que ya empieza a traerme por la calle de la amargura con sus intrigas y eso, en realidad, mola. Y es que, como digo todas las semanas, es una serie que se va superando. Pero, nada, me dejo de rollos y voy directa con la crónica.

Pues, como siempre, comienzo con la parte de los adultos, que suelen ser los que tienen las tramas como que más unidas y relacionadas entre sí. Todo ha empezado con la jueza hablando con Arrabal sobre todo lo sucedido en el episodio anterior, mientras Nacho lo ve desde el otro lado del espejo. Arrabal insiste en que él sólo quería evitar otra muerte, atrapar a la bestia, pero no le creen, por lo que se pone reivindicativo y grita: la bestia sigue ahí fuera y va a volver a matar. Le ha faltado levantar el puño y eso.

Cuando Sara abandona la sala de interrogatorios, Nacho le dice que Arrabal es un pobre loco y que tiene coartada al haberse encerrado con su hija por temor al hombre lobo. A este paso, Arrabal va a acabar compartiendo psiquiátrico con la madre de los Pando. La jueza está a punto de irse a casa, cuando Sonia le informa de que el cartero ha encontrado un coche hecho mierda: el de la mujer del alcalde, que está desaparecida.

Cartero (cantando): Yo soy Pat, el cartero, y me gato se llama… ¿Pero qué es eso?

Sonia explica que el coche se salió de la carretera y que, creen, que Isabel no llevaba el cinturón, así que salió disparada, llevándose una buena hostia… Por lo que es casi imposible que se mantuviera en pie. Y, de hecho, los golpes del coche tampoco cuadran. También nos cuenta que Ratilio no se ha presentado a trabajar alegando estar enfermo.

Más tarde, El teniente buenorro se presenta en casa de Sara para hablar del tema, ya que encuentra muy sospechosa la desaparición de Isabel tras que supieran que estaba ayudando a David y cree que el alcalde tiene algo que ver. La jueza se siente culpable por lo que ha sucedido, pero El teniente buenorro la consuela. Además, se ofrece a ayudarle desde fuera porque cree que, de otra manera, no podrán pillarle.

A mí si este hombre me dice ven, lo dejo todo.

En los juzgados, Sara interroga al alcalde que explica que pasó la noche con unos amigos y que discutió con su mujer, por lo que ella se fue, aunque él no sabe a donde. ¡Mentiroso, mentiroso, mentiroso! Eso último leedlo con la entonación de Phillip Morris, que queda más gracioso, xD. Sara le cuenta que quedaron y el alcalde dice que Isabel se quiere divorciar, pero que entonces no le quedará nada, así que seguramente intente dejarle en mal lugar para ver si consigue algo. La cosa se queda así, ya que Sara no le va a acusar de nada y, encima, el alcalde le echa en cara que están pasando por lo mismo que ella. Uhh, qué rastrero.

Por la noche, El teniente buenorro va a visitar a Sara para contarle que la coartada del alcalde es buena, pero, aún así, sigue pensando que ha sido él. La jueza no está muy convencida, pero entonces aparece Olivia, así que El teniente buenorro se marcha.

Mientras tanto, en el cuartel, Sonia tiene una teoría: cree que la mujer del alcalde está muerta y, de hecho, que murió en una noche de luna llena como David (además, lo único que encontraron de ambos fue el coche lleno de sangre). Por eso, cree que todo es obra de un psicópata que actúa esas noches. Aunque, tras estar toda la noche con el caso, Sonia sigue creyendo que hay algo que no cuadra.

Cuando Sara llega al cuartel, le informa de su teoría en los calabozos y añade que el crimen no lo hizo una persona normal… Por lo que Arrabal insiste en su teoría, así que mudan la reunión a otra sala.

Gerardo en plan “hacedme caso, copón”.

Yo no sé por qué, pero la súbita aparición de ese hombre tras ellos, me hizo mucha gracia… Qué mal estoy, xD.
A todo esto, El teniente buenorro ejerciendo de Verónica Mars ha seguido al alcalde hasta el motel donde David y Carola se veían y se ha dado cuenta de que ha ido a llevarle una mochila a alguien. Ni corto ni perezoso, se ha presentado en la recepción para montar un numerito y descubrir a quién ha visto. El recepcionista no puede más que llamar al que se aloja ahí, así que lo hace, mientras Raúl consulta el libro de visitas.

Como el caso de Isabel puede estar relacionado con el del Capitán Costa, llaman al otro juez y lo ponen al día. Sonia explica que el asesino saltó sobre el coche, rompió el parabrisas y la sacó en pilo. Vamos, p’arriba de toda la vida. En esas, llama El teniente buenorro para contar que el alcalde ha pagado a un tío y que ese mismo tío estuvo en el hotel hace cuatro semanas, el día del asesinato de David, así que puede ser un sicario.

En ese momento, ve que el supuesto sicario se larga, así que Sara le pide que le entretenga, mientras ella le manda a alguien de apoyo. El teniente buenorro va disimuladamente a rajarle las ruedas, qué quinqui él, pero el otro lo es todavía más y le pega un patadón que lo deja tonto. Oye, tú, ¿quién te has creído? ¿Oliver Atom? ¿Klaus? Que a Raúl no se le pega y menos en la cara, hombre ya. Grr.

Disimulo.

Cuando Sonia y Ratilio llegan, es demasiado tarde, pero como El teniente buenorro es un crack ha pillado la matrícula, así que se ponen a buscar el coche. Por su parte, Nacho se cruza con el coche, así que acaba deteniendo al pedazo de sicario, digo “pedazo” porque es súper alto, un gigantón.

En cuanto la avisan, la jueza parte rauda para poder mirar a los ojos al asesino de su marido y de Isabel cuando ve algo que la deja anonadada… Y no es para menos, pues ante ella, como sacada de The walking dead, aparece Isabel. OMG. Yo esto no me lo veía venir, ¿eh? Qué fuerte. Bueno, yo no creo que el gigantón sea el asesino de David, así que, ¿quién será? ¿Y qué trapichea con el alcalde?

¡Un chacho!

Y sigo con Olivia, que ha tenido trama por su cuenta: tras que su hermano le eche la bronca por lo sucedido con Tomás y porque no le quita los pájaros de la cabeza, Olivia acude a la búsqueda de Isabel para llevarse al alcalde a los juzgados.

Una vez en el coche, el hombre ejerce de Vito Corleone calendario: que si se conocen de toda la vida, que piense en que si necesita algo debería recurrir a su gente… Que es él, claro. Pues menos mal que es su gente porque si no a saber qué le hace, qué miedito da el tío. Olivia le aclara que no necesita nada, pero él apunta que eso es de momento. Lo dicho en tuiter: este es un chungo de cojones, da un mal rollo…

Por la noche, va a tomar un café al mesón y se encuentra con Fernando que le tira la caña a lo bestia, de hecho le pide que tengan una cita ahí mismo y Olivia acepta, claro. Uhh, qué raro se me hace ver a este hombre en plan latin lover.

Que conste que me alegro por él, pero sigue viéndolo raro tan… relajado y sonriente.
Y ya no os cuento sacando una botella de coñac mágicamente. Me pregunto qué opinará Carola del tema.

Lo malo es que al día siguiente recibe buenas noticias. Sí, cómo leéis, no se me ha ido la pinza. El doctor le dice que hay un nuevo tratamiento que podría curar a Tomás, pero que es muy caro y que se lo está diciendo porque alguien quiere ayudarla: el alcalde-padrino, sasto. Olivia se rebota muy mucho y rechaza la proposición.

Eso sí, no se le quita de la cabeza e incluso mira la información, mientras se toma algo en el mesón. Entonces aparece Fernando, otra vez en latin lover mode on, pero Olivia no está de humor por lo que sucede. Se lo cuenta un poco por encima, diciéndole que no sabe si será capaz, aunque Fernando le dice que lo será y que haga lo que haga, si es por su hijo, no lo lamentará y que lo sabe por experiencia propia. Coño, cuéntale lo de los lobos, os arrejuntáis y tenéis la mezcla entre la familia Monster y la Brady ;P

Cuando se queda sola, Olivia llama al alcalde para aceptar su ayuda. Uhh, esto es peor que venderle el alma al diablo, a saber qué te pedirá que hagas a cambio. Al final del episodio, por cierto, se presenta en casa de Fernando y se acaban besando.

Por otro lado, seguimos con la relación (más de desencuentros que de encuentros) de Nacho y Vera. Tras el morreo del episodio anterior, Vera está emocionadísima en clase, hablando del tema con Leire, cuando aparece Nacho para informar a Los malotes de la desaparición de su madre.

Aprovechando la coyuntura, Vera sigue a Nacho hasta el baño para besarle, aunque él no está muy por la labor. Sin embargo, lo único que logra decir es que no se arrepiente, pero Vera, súper emocionada al creer que están juntos, tampoco es que le dé muchas opciones de añadir algo.

Yo desde que vi a Logan y a Vero pues como que estas cosas me molan mucho, xD.

Por la tarde, Vera acude al cuartel a buscar a Nacho, pero éste se esconde y le pide a Sonia que la eche contándole una realidad MUY alterada, tanto que casi parece un episodio de Fringe over there, vamos: que si ella le acosa, que sí que se liaron, pero que por él se ha acabado… Sonia, al final, le dice a Vera que Nacho no está, así que la chica se va, pero como se le cae el pañuelo (¡es una epidemia calendaria!) vuelve a cogerlo y escucha a Nacho diciendo cosas del tipo “está como una loba en celo”… ¬¬U Capullo, ¡¿cómo puedes hablar así de Vera?!

Cuando, al día siguiente, va al mesón, Vera se lo echa en cara y Nacho se sale por la tangente, pero no le sirve de nada. Al final, admite que era para disimular porque no podía decir que estaban juntos y que todo lo suyo es muy raro. Vera le llama “cagao” y le manda a la mierda (algo ya habitual entre estos dos), además de ponerle un ultimátum: o se presenta a las seis a darle un beso o se acaba lo que hay entre ellos.

A medida que se acercan las 6, Vera se va poniendo nerviosa y lo peor del caso es que Nacho se escaquea para ir al mesón, pero cuando está a punto de entrar le llaman para que vaya a buscar al gigantón. Jo, qué mal, si es que ha ido, pero ella no lo sabe. Arg.

Argg, qué maldita casualidad.

Y, para acabar, me he reservado mi trama favorita, que ha sido la de Los Goonies como yo les llamo. Por la mañana, mientras que Joezno ha amanecido atado en el guarda-lobos, Indiana Tom lo hace en su cama y descubre que el lobo no le mordió. Leire va a hablar con él y Tomás le explica que no entiende por qué no pasó nada, si él lo hizo bien, pero Leire únicamente le trata con desdén en plan “así te olvidas de estas tontás”, incluso cuando Indiana Tom insiste en que lo vio.

La cuestión es que Joezno, usando su oído súper desarrollado, se entera de todo y acaba hablando con su padre por si sabe quién le convirtió. Ante las preguntas de su hijo, Fernando explica que conocía el ritual por una leyenda del siglo XV y que estaba tan desesperado que recurrió a ella porque nadie podía salvar a Joel. Y que, claro, lo que vi fue una bestia horrorosa, no al humano… Este hombre es la leche de delicado, tiene un tacto, vamos, su hijo todo traumatizado por ser un licántropo y él describe al otro lobo así. Bravo, bravo, toma tacto, ¿qué será lo próximo? ¿Dejarle sin paga?

Usando el súper oído… Este hombre como paparazzi no tendría precio.

Más tarde, Leire está bailando en el instituto cuando Joezno va a verla para preguntarle por Indiana Tom, aunque ella sigue en sus trece de “sois unos raros”. Como Joezno saca a relucir la conversación de por la mañana, Leire le acusa de espiarle (le dijo la sartén al cazo, todo sea dicho) y Joezno señala que, por un lado, estaban hablando junto a su casa y que, por otro, son amigos, así que le puede contar lo que quiera. Leire, dolida, apunta que lo de los amigos lo ha decidido él, que en realidad no son nada.

Después, Leire e Indiana Tom van a los juzgados a hacer los deberes (y para que él esté controlado) cuando encuentran las pruebas del caso de Arrabal. Indiana Tom, un profesional él, saca fotos de las pruebas para su propia investigación. Cómo mola.

Por la noche, está en su casa revisando las pruebas, cuando Joezno se cuela en su habitación por la ventana (ya sabéis, las puertas aquí no molan) porque quiere que Tomás le cuente lo que pasó en la piedra. Indiana Tom se cree que le está vacilando y, como está cansado de que no le creen, le echa de la habitación. Tras birlarle un post-it, Joezno se larga, no sin antes decirle que no está tan solo como cree.

Tomás, que ha salido todo mono en el captura.

A la mañana siguiente, Joezno va a correr y como es un chicarrón lobuno del norte se va en manga corta; su padre intenta que se lleve un jersey, pero lo único que consigue es encontrar el post-it con los nombres de los candidatos al Nº1 Lobito.

Al mismo tiempo, en casa de la jueza, Leire alucina ante el hecho de que su madre esté frenética y vaya a trabajar un sábado y que, encima, no le cuente nada. Sara le promete que en cuanto sepa algo, se lo contará, aunque Leire acaba preguntándole si a la alcaldesa le ocurrió lo mismo que a su padre; también explica que al principio se entiende nada, pero que luego es peor porque te das cuenta de que no volverás a verle nunca. Jo, en serio, pobre, si es que desde que llegó a Calenda no ha ganado para disgustos.

Por su parte, Indiana Tom va al cuartel para hablar con Arrabal, a quien le dice que le cree y que, si le ayuda, podrá demostrar que ambos tienen razón. Arrabal opina que debería dejar de decir esas cosas porque hasta su familia le dará la espalda, como le ha ocurrido a él. Indiana Tom le pregunta que cómo sabía que era uno de los cuatro y Arrabal le dice que todo está en un libro de Fray Bernardo Espinosa, un calendario que vivió durante La plaga; le explica que el libro está en su casa.

El silencio de los lobos.

A todo esto, Ratilio ha amanecido esa misma mañana en el sofá de su casa rodeado de botellas y al ir al cuartel, ha ido directo a hablar con Arrabal también, así que echa a Tomás para quedarse a solas con Arrabal y… Zurrarle un poco porque “le está volviendo loco con sus historias”. Dios, yo con este tío estoy súper perdida. Todo apunta que es un hombre lobo, pero el día que se ausentó, Joel estuvo perfectamente y sabemos que Joezno sí que es un licántropo. Además, el chungo que sufrió Ratilio no se pareció a nada de lo que sufrió Joel, así que… ¡Arg, no sé qué pensar!

Bueno, tras el paréntesis, regresemos con Indiana Tom que ha ido a casa de Joezno para pedirle ayuda. El problema es que cuando Tomás se va a marchar, Leire llega a casa y le impide marcharse, incluso con amenaza de llamar a Olivia. Uhh, qué chivata. Eso sí, en cuanto Indiana Tom dice que ha quedado con Joezno, la cosa cambia.

Joezno está inspeccionando la casa de Arrabal, cuando escucha el latido de un corazón y sabe que es el de Leire. Los dos acuerdan que están ayudando a Tomás y van a buscar en una especie de caseta muy mal rollera, mientras vemos que alguien les espía. Una vez en el interior, Joezno cree escuchar algo, pero no le da importancia y, además, Leire encuentra el libro que data de 1526. Ahí es nada.

Lo están mirando, cuando alguien les tira una estantería encima. Joezno protege a Leire. Cuando se incorporan, se miran intensamente y Leire le pide que no vuelva a decir que son amigos porque nota cómo le late el corazón cuando están juntos y cómo la mira. La verdad es que, aunque no era el mejor momento, ha sido una escena muy bonita. Álvaro Cervantes y Lucía Guerrero tienen muy buena química ^^

Qué miradita :3

El problema viene cuando se dan cuenta de que les han robado el libro. Así que se presentan ante Indiana Tom con cara de circunstancias para explicárselo y Tomás cree que el que les ha robado ha sido el hombre lobo. Mmm, yo estoy empezando a plantearme que el hombre lobo sea Pablo, más que nada porque pasa tan desapercibido que, digamos, no tiene coartada para estas cosas.

Bueno, eso ha sido todo por esta semana. Además, siguiendo con el extraño caso de los avances desaparecidos, en Luna hemos tenido imágenes de este mismo episodio y no del siguiente. Tsk, ¡que quiero saber qué va a pasar!

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