Luna El misterio de Calenda

Análisis del 2×06 de Luna: Mapas, licántropos y el secreto de la reserva


Leire se ha recuperado de lo ocurrido en el colegio. Ya vuelve a caminar y a retomado la vida normal, aunque sufriendo las consecuencias de la parálisis. A pesar de su mejoría, el doctor de Calenda alerta a Sara sobre lo sucedido: No puede ser casualidad, son los mismos síntomas de Tomás. Ha de existir un origen. Sara y Pando se pondrán en marcha sin saber que ya hubo otra persona que investigó la relación. Persona a la que en el pasado, le costó la vida.

Paralelamente a la investigación policíaca, el grupo de amigos celebran la fiesta de la Luna Nueva. Aparentemente, es una fiesta más, como siempre se ha hecho, pero cuando aparecen diversas pruebas para convertir la noche en una cacería, se dan cuenta de que su enemigo está al acecho y que en esta ocasión, hará todo lo posible por dar con la bestia y acabar con su vida.

Todo esto, recuerdalo en el análisis del 2×06: “La noche de la Luna Nueva”

Cazador y cazado

El regreso de Joel tras su intento de huida ha hecho a Leire molestarse por su actitud aunque no tarda en entender que lo ha hecho por su bien y que lo único que desea es cuidarla sobre todas las cosas. En mitad de su reconciliación, el chico se derrumba al sufrir los efectos de una misteriosa flor que ha sido colocada en todas las esquinas del colegio con motivo de la celebración de la fiesta de Luna Nueva. Se trata de acónito y no están ahí por casualidad. ¿Y si ha sido una trampa para dar con el hombre-lobo?

Al comprobar la factura, los chicos dan con el nombre de Alfredo, su director. Él ha pedido las flores y él debe de ser el cazador. Por otro lado, deben de seguir con la fiesta y Ricky consigue que Leire accede a ponerse el vestido que le ha regalado su madre y acudir como su pareja ya que Joel no puede acudir al instituto. El joven rebelde intenta un acercamiento muy ligero ya que sobretodo respeta a su amigo y no le va a fallar de ese modo. No obstante, sus sentimientos son obvios.

 

Inseguros de que Alfredo esté involucrado, Ricky le tiende una trampa y le deja una nota en la que dibuja el símbolo de la Hermandad de cazadores de licántropos junto a unas palabras: “Nunca me encontrarás”. Leire y el joven espían al director y cuando este encuentra el papel en su mesa, no le hace caso alguno por lo que descartan que se trate de él: Debió de encargar las flores por idea de una tercera persona. Será Diego el que vea el mensaje y se de cuenta de que alguien está planeando acabar  con su objetivo. Por ello, cuando el director deja el despacho, él coloca en el megáfono un aparato electrónico que emite un sonido tan agudo que solo afecta a Joel, el cual no ha querido perderse el beso de medianoche junto a su chica.

 

Cuando Diego lo activa, Joel cae rendido y sus amigos corren a ocultarlo. Leire lo encierra en el desván pero Diego les sigue con el puñal en sus manos. Sin embargo, Ricky baja los automáticos para despistar al cazador, de quién aún no conocen identidad, y junto a Pablo y Silvia bañan a su amigo en medio de su transformación de acónito, derribándole y evitando que se convierta en la bestia.

 

Beso con burbujas

Mientras su madre se enfrenta a los trapos sucios de Diego quién quiere hacerse con el Mesón aparentemente por su bien, Vera sufre las consecuencias de su romance secreto con Nacho. Carol sigue estando alerta y sin estar dispuesta a que su hija tenga una relación con el policía. Sin móvil y sin posibilidades de acudir a la fiesta, ambos se las ingenian para contactar. Para sentirse cerca, Vera le indica a su chico que beba de la misma botella que ella bebió, como no, de Coca-Cola, siendo esto “un beso con burbujas”.

 

“Te adoro, eres lo mejor que me ha pasado en la vida”

A pesar del castigo ya que Carol sabe lo de Nacho, Vera acude al colegio para ayudar a su madre a repartir bebida y allí se encuentra con su chico. A medianoche, ambos toman una botella y a modo simbólico, se dan el beso que la distancia les impide.

Identidad oculta

Manuel, el doctor, ha tratado a Leire tras su recaída y junto a Olivia, ambos le informan de la trágica verdad: Son los mismos síntomas que tuvo Tomas y que a su vez tuvo su padre. El segundo murió de ello. Sara se derrumba al entender que no hay cura y que la probabilidad de salvarla, está muy alejada. El Teniente se apresura a animarla y a asegurarle que darán con la cura y con la persona que sabía de ella, es decir, el hombre que la llamaba anónimamente.

  

“No es solo la vida de Leire Costa. Es la vida de cientos de personas la que tenemos en nuestras manos”

Está claro que el foco de contagio es Calenda. Hay muchos más casos en la zona. Diversos infectados que cayeron fruto de la enfermedad. Analizando la llamada del día pasado, Nacho escucha un sonido característico que Sara reconoce: Es el ruido que emite el busca del doctor, de Manuel. Él es la persona que la ha estado llamando.

Sin embargo, es demasiado tarde. Manuel aparece muerto con una nota de suicidio: Todo lo que Sara necesita está en la caja fuerte de su despacho. El problema es que cuando llegan, también allí se les han adelantado: No hay nada. Lo único que les quedaba, se ha perdido.

Todo cambia cuando una testigo acude a la jueza y le da un testimonio revelador: El hombre que investigaba la enfermedad, no era Manuel. Era alguien con placa, hace un par de años acudió en busca de respuestas pero no es el doctor. Cuando la mujer se dispone a salir, ve una foto del hombre que la fue a ver: David, el padre de Leire.

Muertos o enamorados

Fruto de un malentendido, Marcela dará por sentado que Ernesto está a punto de morir y que le quedan pocos días de vida, por lo que exprimirá su carácter con el fin de regalarle un buen final al padre de Sara. Tanto bueno trato hará a Ernesto reflexionar y pensar que lo que quiere Marcela es una relación con él.

Tras varios encuentros complicados, la pareja concluirá su locura cuando Ernesto decida echarla del trabajo, entendiendo ambos que han comprendido erróneamente.

Dónde empezó todo

Olivia ha optado por retrasar su viaje y ayudar a su hermano en la investigación. Además, a su vuelta ha encontrado de nuevo el cariño de Fernando. Mientras intentan dar con una explicación, Pando le muestra la foto que le entregó su madre Elvira en el lecho de muerte: Su padre, el padre de Diego y el padre del Alcalde en la entrada de la cueva junto a un niño pequeño. Al principio, Raúl no logra identificarle pero su hermana le abre los ojos y le revela de quién se trata: Es Gerardo.

“En esa cueva no encontramos al hombre-lobo. Encontramos algo peor”

Cuando le obliga a acudir a comisaría, Gerardo le explica que cuando aquellos 3 hombres entraron en la cueva, dio inicio la maldición de Calenda. Todo lo oscuro surgió en ese momento. Raúl se ve frustrado ya que observa que todos los acontecimientos siguen rodeando a las leyendas y los cuentos, pero cuando Gerardo le da una pista, descubre dónde está el tercer fragmento del mapa: Tras la fotografía del grupo.

Al Raúl reunirse con Sara y encajar piezas por separado, entienden que deben acudir a la cueva para entender todo lo que pasó, cómo hace 30 años todo cambió. La leyenda y la enfermedad están relacionados y han de responder a sus incógnitas cuanto antes. Aunque Sara en un principio intenta que no acuda, al final le convence de ir con él.

“David murió buscando ese sitio. Y ahora tú, no te voy a dejar ir.  […] No te pienso dejar. […]No voy a permitir que el hombre al que quiero desaparezca en medio de la noche y no lo vuelva a ver”

Les sorprenderá la noche en medio de su aventura y cuando penetran en las profundidades de la cueva, alguien en el exterior empieza a perseguirles. Es un hombre del alcalde con uno de sus perros.

Cuando se asegura que han entrado lo suficiente, Francisco da la orden de activar los explosivos y acabar con ellos allí dentro: Están condenados. La bomba estalla y la cueva se viene abajo…